domingo, 27 de marzo de 2011

Andre Cruchaga - A contraluz





bajo un amplio cielo gris…

Charles Baudelaire







Bebo los latidos de la ceniza

En el velorio de los sueños

Roto póstumo

Deshaciendo oráculos

Destruyendo arcos

Subastando lágrimas

Bronces desvaídos

Anillos como gargantas

Nunca fueron hechos los sueños

Sin paciencia

Sin ríos

Sin espigas

Nunca faltó un grano de luz

Un mar de golpes cubriendo la vida

Bebiendo hasta en boca

Ajena

La sangre



Nunca para levantar un alma

Faltaron cuerpos

Hoy lo sé cuando ellos

Construyen el silencio

Y desnudan la tierra

En pleno sol



Nunca para vivir

Ha dejado de congregarse

La muerte todos los días

Con su pañuelo de palpitante río



Nunca he dejado de caminar sin tregua

Sin fuego

Sobre un horizonte de rieles

De peces y pasmos

Y huellas



Nunca dejé de sentir ecos

Paleolíticos

En la osamenta insomne de las esferas



Salvo el frío del grito



Salvo las piedras hondas del vacío…
 
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Fuente . Suscripción a Poemas del Alma
 La imagen que ilustra la entrada pertenece al artista plástico Leonid Afremov
 
Melan

sábado, 19 de marzo de 2011

Y QUE HAYA CUERPOS de Adriana Díaz Enciso



Y Que Haya Cuerpos...


Y que haya cuerpos. Vivos, abiertos yacientes y ávidos aún entre la bruma de la melancolía. Que haya siempre cuerpos, en habitaciones suaves que respiren, en calles arboladas y entre flores. Cuerpos capaces del desnudo completo, limpio, perfecto. Manos con ganas de viajar por los cuerpos. Labios que húmedos se comuniquen las últimas noticias de la espera. Húmedos cuerpos que respiren y duerman en calma profundísima junto al deseo que duerme, y que en el deseo despierten y se muevan suaves en la oscuridad lo mismo que en la más clara luz.



Que ya la soledad deje de ponerle candados a los cuerpos y el frío no nos reseque más la piel y las ganas y la entrega fragilísima.



Que no quede nadie ignorante de su cuerpo, con el vacío en el alma y la amargura de la piel intacta en la mirada. Que nadie se confunda ni confunda la vida con su ansia oculta, insatisfecha del amante.



Que no quede un solo cuerpo indigno del amor, ni un solo freno para el cuerpo amoroso y su bellísimo despliegue de sombras en vaivén.



Y que pueda yo andar con mi cuerpo por la calle, y nada en mí ni en mi ropaje me oculte con mi cuerpo para nadie, y que nadie se sorprenda ni se ensucie ni se ofenda por mí, por mi orgullo de mi cuerpo ni por mi andar de entrega. Que podamos andar y rozarnos al andar en el silencio, brazo con brazo y con mirada.



Que haya cuerpos, que las tristezas caigan rodeando nuestro abrazo como un mar oscuro que protege. Que el dolor de estar vivo no nos duela en el cuerpo. Que esta sorpresa de criaturas sobre el mundo sea luminosidad de azoro en las miradas de cara hacia la vida, de frente a nuestros cuerpos, y que sea inmenso y amoroso el beso que nos salve del miedo espeluznante ante la muerte.

CIEN SONETOS DE AMOR - SONETO V de Pablo Neruda



No te toque la noche ni el aire ni la aurora,

sólo la tierra, la virtud de los racimos,

las manzanas que crecen oyendo el agua pura,

el barro y las resinas de tu país fragante.



Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos

hasta tus pies creados para mí en la Frontera

eres la greda oscura que conozco:

en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.



Tal vez tú no sabías, araucana,

que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos

mi corazón quedó recordando tu boca,



y fui como un herido por las calles

hasta que comprendí que había encontrado,

amor, mi territorio de besos y volcanes.

jueves, 17 de marzo de 2011

Ábrete Sexo y otros poemas de Ana Istaru



Ábrete sexo

como una flor que accede,

descorre las aldabas de tu ermita,

deja escapar

al nadador transido,

desiste, no retengas

sus frágiles cabriolas,

ábrete con arrojo,

como un balcón que emerge

y ostenta sobre el aire sus geranios.

Desenfunda,

oh poza de penumbra, tu misterio.

No detengas su viaje al navegante.

No importa que su adiós

te hiera como cierzo,

como rayo de hielo que en la pelvis

aloja sus astillas.

Ábrete sexo,

hazte cascada,

olvida tu tristeza.

Deja partir al niño

que vive en tu entresueño.

Abre gallardamente

tus cálidas compuertas

a este copo de mieles,

a este animal que tiembla

como un jirón de viento,

a este fruto rugoso

que va a hundirse en la luz con arrebato,

a buscar como un ciervo con los ojos cerrados

los pezones del aire, los dos senos del día.
 
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Despedida



Te irás del sótano

salino de mi carne.

Ya no estaremos nunca tan cerca como ahora.

Yo seguiré cantando mi gravedad marina,

domeñando el rugido de tierra de tu parto

hasta llenar la estancia tan alba del vacío

con tu ser deslumbrante.

Ese cordel de sangre del centro de tu talle

lo cortarán.

Jamás serás de nuevo mi cometa secreto,

el capullo de rafia,

el cosmonauta asido a mi matriz.

Cortarán ese lazo de savia sin regreso

y llevarás por tanto mi nombre sobre el vientre

como un botón rosado,

allí donde mi amor

no pudo más e imprime

su cóncavo dedal de despedida.

Ya no estaremos juntos como juntos estamos,

atados como liquen. Vas a nacer. Por siempre

soy tu animal materno.

Donde quiera que vaya la hoguera de tus pasos

tenderé una señal,

un eslabón de viento,

un trazo que nos ate más allá de la tierra,

un dibujo invisible que nada lo lacere.

Un rayo interminable donde mi amor transite

y viaje de mis senos a tu boca candente.

Un rayo que yo pueda ponerme entre los labios

cuando su azul letargo me tienda al fin la muerte.



De "Verbo madre" 1995

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Yo, la hembra fiera



Yo, la marsupial,

la roedora,

la que no tiene tregua,

la que ha juntado ramas,

la que escoge las hierbas con las zarpas heridas,

la que gasta los cobres de su lengua

para fraguar el nido

y está midiendo el viento,

y acapara el lado oculto

de todas las colmenas,

la que atina a mirar los trajes de la luna

y quiere desovar,



la que fue fecundada

con un polen antiguo

y está que la revienta

la gloria de la estirpe,

n la que tan sólo espero un signo de los astros

para tirarme

con un rugido ronco a dar a luz,



yo, la hembra fiera,

la traidora,

la taimada,

la que a la muerte ha echado

a perder

su cacería.



De "Verbo madre" 1995
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Reseña biográfica







Poeta y actriz costarricense nacida en San José en 1960.


Guiada por sus padres, inició muy joven la carrera literaria publicando su primer libro de poemas a los quince años.


Junto a Eunice Odio y a Carmen Naranjo, es considerada como una de las figuras más prominentes del panorama


literario de su país, con reconocimientos internacionales como los premios españoles María Teresa de León para


autoras dramáticas en 1995 y el premio Hermanos Machado de Teatro en 1999. En 1990 le concedieron la beca de


creación artística de la Fundación Guggenheim.


De su obra poética se destacan: Palabra nueva en 1975, Poemas para un día cualquiera en 1977, Poemas abiertos


y otros amaneceres en 1980, La estación de fiebre y otros amaneceres en 1983, La muerte y otros efímeros agravios


en 1988, Verbo madre en 1995 y Poesía escogida en 2002.

Melan

miércoles, 16 de marzo de 2011

Dale Vida a los sueños de Mario Benedetti




Dale vida a los sueños



Dale vida a los sueños que alimentan el alma,

no los confundas nunca con realidades vanas.

Y aunque tu mente sienta necesidad, humana,

de conseguir las metas y de escalar montañas,

nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.



Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,

no los dejes que mueran de hastío, poco a poco,

no les rompas las alas, que son de fantasía,

y déjalos que vuelen contigo en compañía.



Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,

tocarás las estrellas y el viento, susurrando,

te contará secretos que para ti ha guardado

y sentirás el cuerpo con caricias, bañado,

del alma que despierta para estar a tu lado.



Dale vida a los sueños que tienes escondidos,

descubrirás que puedes vivir estos momentos

con los ojos abiertos y los miedos dormidos,

con los ojos cerrados y los sueños despiertos





Mario Benedetti

domingo, 13 de marzo de 2011

En paz - Amado Nervo



Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;



porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;



que si extraje la miel o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.



...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!



Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tú tan sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas...



Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
 
 
N.de R. Este es uno de esos poemas que siempre amé, que siempre leí, con el cual mucho tiempo me identifiqué, hasta un día de mi vida, el 3 de octubre de 1994  en que la leucemia se llevó a mi hija mayor, Noelia, con tan sólo dieciseis años, desde ese día dejé de bendecir la vida y no puedo decirle que no me debe nada y menos aún que estamos en paz...
Pero el talento poético de Amado Nervo no tienen nada que ver con lo que la vida a mí me debe y su obra es hermosa, por lo tanto decidí publicarlo igualmente.
Melan.

jueves, 3 de marzo de 2011

Federico García Lorca - Ciudad sin sueño



No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.



No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Hay un muerto en el cementerio más lejano

que se queja tres años

porque tiene un paisaje seco en la rodilla;

y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto

que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.



No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.

Pero no hay olvido, ni sueño:

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes

y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso

y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.



Un día

los caballos vivirán en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.



Otro día

veremos la resurrección de las mariposas disecadas

y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,

a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente

o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,

hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,

donde espera la dentadura del oso,

donde espera la mano momificada del niño

y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.



No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Pero si alguien cierra los ojos,

¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!



Haya un panorama de ojos abiertos

y amargas llagas encendidas.



No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

Ya lo he dicho.

No duerme nadie.

Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,

abrid los escotillones para que vea bajo la luna

las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.